Umbrales

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Umbrales

En occidente, al menos desde que Agustín de Hipona teorizara sobre la temporalidad inaugurada por la Redención cristiana (una línea, que va del pasado al futuro, de lo que ya no es a lo que no es todavía, pasando por un instante singular e irrastreable por el ser del presente) damos por sentado que el tiempo tiene tres partes o aspectos. Y la ciencia ha tenido con estos aspectos una relación particular también, que según cómo concibamos la práctica científica y el tiempo en sí, se articularán ambas cosas de algún modo determinado.

Dentro de las ciencias llamadas naturales, el modelo nomológico-deductivo, que fue durante un par de años el más aceptado para dar cuenta de cómo opera la disciplina científica, contemplaba esta cuestión del tiempo. A las afirmaciones que daban cuenta del pasado, las llama explicaciones. Sobre el futuro, son predicciones. Pero en rigor es un mismo razonamiento, un único esquema formal, con oraciones que, más allá del tiempo verbal, no varían unas a otras de sus contenidos. Dadas ciertas fuerzas sobre una masa, se movió así, no es una oración muy diferente a si sobre esa masa imprimimos ciertas fuerzas, se moverá así.

 

¿Es posible para las ciencias llamadas sociales un esquema análogo, un único tipo de razonamiento cuyas afirmaciones puedan ser entendidas como hablando sobre el futuro o el pasado indiferentemente? Resulta evidente que, para muchas ciencias particulares, el pasado es una referencia central. La historia, desde ya, la sociología, la antropología… siempre el pasado parece tener un peso mayor que la dimensión futura. Y, sin embargo, nada para las humanidades puede ser tan relevante como el futuro. En una era donde las consecuencias del presente son del todo incognoscibles, pero con representaciones anticipadas que no dejan de mostrarse catastróficas, tener un razonamiento para el futuro nos resulta tan importante como siempre, pero tal vez más urgente que nunca.

La colección Umbrales, dirigida por Hernán Borisonik y Facundo Rocca, tiene este horizonte como criterio.

 

Un umbral es un punto de transformación, el valor mínimo de una magnitud a partir de la cual se suscita un efecto específico. A veces es imperceptible en lo inmediato, a veces repentino. Hoy todo parece precipitarse desde lo imaginado hacia lo desconocido: tal vez ya estemos del otro lado de un umbral, según se denuncia con alarma o se proclama de forma celebratoria.

 

¿Qué nos depara el futuro, donde está el punto crítico, aquel luego del cual ya no podemos volver a lo anterior?

Poder inhumano: inteligencia artificial y el futuro del capitalismo es uno de los títulos pertenecientes a esta colección. Su objetivo no es simple: pretende pensar la relación que tienen las superestructuras capitalistas en función de un técnica que ya no es para nada semejante a la que existía en tiempos de Marx. La inteligencia artificial, una máquina no anticipable ni implicada en los términos primitivos del marxismo, tiene que resignificar todos los conceptos: plusvalía, trabajo, condiciones generales de producción, composición de clase y población sobrante, nada puede permanecer indiferente a la aparición. Habrá que conocer entonces el lugar de esta máquina en la economía actual, los dueños e inversores de su desarrollo. Sobre todo para identificar que este grupo social tiene un objetivo: hacer de la inteligencia artificial un nuevo ferrocarril; una nueva revolución industrial que sea constitutivo de las relaciones generales de producción. Por último tiene que tocar un supuesto propio de cierto optimismo que pertenece a un capitalismo humanista: el homo sapiens ya no es necesariamente el único sujeto posible de la producción capitalista.

Otro título fundamental de esta colección es Desertemos, de Bifo Berardi, que apunta a una conclusión ética en un contexto donde la guerra, inherente a la condición humana, está determinada por una condición técnica que sólo nos deshumaniza cada día más. Su análisis del mundo actual, la técnica presente que logra hacer del autismo una epidemia y de la depresión un marco gnoseológico que todas las personas tienen, para conocer el mundo entero, su diagnóstico de la senilidad de occidente y su muerte próxima, todo es de una exquisitez que no puede dejar de saborearse. Recientemente salió una reseña crítica de este libro en Laboratoria, una nueva revista de ciencias sociales dependiente de la UNSAM, donde puede leerse algo más al respecto.

Podes ver acá la colección completa. Un resumen de cualquiera de los temas sería siempre escueto, no hay nada como sumergirse en un libro que, en los propios términos que se propone la colección: los umbrales pueden ser también sitios de pausa, espacios bajo el dintel antes de adentrarse en lo que espera del otro lado. Lugares para ocupar, por algún tiempo, la indefinición (...) esta colección quiere ser una invitación a detenerse, a conversar en los vestíbulos con quienes también prefieren demorarse en lo incierto. Demorarse en la lectura de un futuro que nos agobia por su inmediatez. Nada puede ser más provechoso que esto para combatir la incertidumbre.

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