El pueblo en disputa

Newsletter semanal

¡Queridxs lectores!

 

El pueblo en disputa

Nadie sabe lo que puede un pueblo, reza una cita de Tatián parafraseando a Spinoza en el nuevo libro de Ivan Pinto Veas, investigador, crítico de cine y docente. Nos explica la propia génesis del texto; este nace a partir de una tesis defendida por el autor en el 2019 en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, sincronizado con la revuelta chilena, que trajo la confirmación de que el pueblo, a veces, puede cosas nuevas, así como depone su capacidad de tolerar lo viejo. La cita es también crucial porque nos permite enfatizar una visión plástica del pueblo, por sobre una sustantiva. En el cine no se trata de representar al pueblo en pantalla, ni de mitificar o reificar al pueblo. Más bien, en detrimento de pensar al cine como espejo del mundo, Pinto Veas prioriza al cine como dispositivo que permite abrir nuevos espacios de subjetivación. Es entre el personaje y el espectador que puede darse un común que llamaremos pueblo.

El pueblo en disputa entonces va a tener que problematizar esta categoría, filosófica y política, cuya vigencia polémica es todavía tan palpable como puede serlo. No hace falta limitarse al caso chileno para ello (en Argentina, cuando acontece alguna manifestación, es más que frecuente un canto que interroga: ¿Si este no es el pueblo / el pueblo donde está?) pero es interesante tener presente este detonante, un emergente de la segunda década del siglo XXI, acoplado al mundo contemporáneo, mediáticamente viralizado, de carácter performativo (el autor en una entrevista ha mencionado la importancia que el montaje tuvo en aquellos días, tanto por derecha como por izquierda, para distorsionar según cada interés el relato sobre los acontecimientos) para comprender la potencia que puede tener el cine a la hora de transformar, en esta apertura de subjetivaciones, la manera en que nos vinculamos con el mundo.

El libro apunta a dar cuenta de las transformaciones de la categoría pueblo a través de fundamentalmente tres películas: Tierra en trance (1967), de Glauber Rocha; El realismo socialista (1973/2023), de Raúl Ruiz; Agarrando pueblo (1977), de Luis Ospina. Y podríamos interrogar desde ahora;  ¿Qué pueden tener en común estas tres películas, tan lejanas en el tiempo y en el espacio, tan diferentes, que emergen en contextos sociopolíticos desiguales, fruto de tradiciones que no pueden identificarse? Es el libro entero la expresión de una hipótesis de lectura para la larga década de los sesenta el que da cuenta de ese vínculo. Y cómo esas nociones de pueblo, con las tensiones inmanentes a la relación entre ellas, puedan servirnos para pensar al pueblo hoy es también una pregunta válida. El propio Glauber Rocha, en su manifiesto Estética del hambre, nos puede ayudar a comprender no sólo la tónica discursiva de aquella época, sino también por qué son todavía relevantes para nosotros las disputas que ellos tuvieron:

 

Al observador europeo, los procesos de la creación artística del mundo subdesarrollado sólo le interesan en la medida en que satisfagan su nostalgia del primitivismo; y este primitivismo se presenta híbrido, disfrazado sobre tardías herencias del mundo civilizado, mal comprendidas porque fueron impuestas por los condicionamientos colonialistas. América Latina permanece colonia, y lo que diferencia al colonialismo de ayer del actual es solamente la forma más perfecta del colonizador; y además de los colonizadores, las formas sutiles de aquellos que también, sobre nosotros, arman futuros golpes. (...) Este condicionamiento económico y político nos llevó al raquitismo filosófico y a la impotencia, que, a veces inconsciente, a veces no, producen en el primer caso la esterilidad y en el segundo la histeria

Tierra en trance (1967) / de Glauber Rocha

El realismo socialista (1973/2023) / de Raúl Ruiz

Agarrando pueblo (1977) / de Luis Ospina

¿Qué misión puede tener una editorial de humanidades en latinoamérica, al sur del sur, sino devolvernos esa potencia que dicha colonización nos ha quitado? Este libro ocupa entonces un lugar merecido en la colección Imagen e Historia, de capital importancia a la hora de pensar la historia de nuestros pueblos. El cine, como arte de masas, es tanto una herramienta como un objeto de reflexión; una posibilidad de habilitar subjetividades nuevas al inaugurar modos de ver y de ser, tanto en su mera contemplación como en la palabra que habilita. Sea sobre el paso de una política de autores a un cine de autor en la revista Cahiers du cinéma; sobre el cambio en el modo de producir cine documental y representaciones sobre el nosotros entre el orden conservador y el peronismo; sea sobre Nuremberg tal como fue registrado por la cámara; en nuestro siglo, como el que nos precede, la imagen es ineludible para quien quiera comenzar a pensar. Su relación con la historia y con el presente ha de ser un horizonte de inteligibilidad de quienes somos, así como también de quienes queremos llegar a ser.

Quienes formamos parte del día a día de Prometeo Editorial creemos en la palabra escrita

en la magia de las ideas y en el pensamiento crítico

Soñamos herramientas que puedan ayudar a mejorar la humanidad

y hacerla más democrática, más justa y solidaria. 

Pensamos que en el sur del mundo aún hay mucho por decir, por hacer y por cambiar

Deseamos que nuestros libros formen parte de hermosas bibliotecas que sabrán hacer de él

un sólido instrumento de reflexión

¡Hasta la próxima semana!