Contraofensiva

 

 

Algunas entregas atrás, este newsletter presentaba Desertemos, el libro donde Bifo Berardi ofrece una respuesta al mundo contemporáneo, atiborrado de información, con sujetos deprimidos y apáticos, incapaces de fijar en una cosa su atención. Es curioso que ya desde el título, la respuesta a la manera en que podemos (si no debemos) hacer algo con lo que la maquinaria actual hace de nosotros, es totalmente distinta por parte de Miguel Benasayag y Bastien Cany, en el libro que hoy presentamos; Contraofensiva: Actuar y resistir en la complejidad.

 

¿Qué hacer frente al inmenso desorden ecológico? ¿Cómo no quedar de brazos cruzados cuando la potencia de los fenómenos en juego parece confinarnos a la impotencia? Y ¿cómo actuar, justamente, cuando la acción de los humanos, al menos de una parte de ellos, ha colocado al planeta en el Antropoceno? ¿Cuántos artículos, papers, coloquios, debates, de militantes y también de simples ciudadanos indignados frente a la pantalla, se han hecho esas preguntas? (...). Lo cierto es que aferrándonos al paradigma occidental que hace del ser humano la causa y el fin de toda acción, no conseguiremos salir del Antropocentrismo. El desafío de nuestra época es replantearnos nuestra relación con el mundo. Incluso con las mejores intenciones, la pregunta “¿Qué hacer?” perpetúa el esquema binario de un hombre-sujeto separado de un mundo-objeto, cuando la complejidad nos obliga, al contrario, a pensar y actuar desde lo vivo.En esta perspectiva, la pregunta podría reformularse así: “¿Qué hacer entre los otros haceres?” O dicho de otra forma, ¿cómo concebir el hacer propio de la singularidad humana teniendo en cuenta el hacer de los vectores no humanos, ya no para dominarlos o arrasarlos, sino para participar de una acción común?” Actuar desde la complejidad

 

Si Bifo presentaba el desertar como una acción posible, y viéndose obligado con ello a explicar cómo ello no sería una mera omisión, Benasayag incide desde el principio en favor de una contraofensiva. Ofrece distintas vías de resistencia posible.

Frente a la tendencia colonizadora de la globalidad, la única posición posible que tenemos es decir “no”. No hay que subestimar el rol de esa negatividad que pone límites a lo inaceptable. Esa resistencia-rechazo va mucho más allá de una indignación moral. Se trata de los cuerpos que están declarando que no son viables en ciertos planos del poder.

 

Es curioso ver cómo distintos autores, investigando en áreas diferentes y con puntos de vista tan diversos, pueden encontrar, con estos métodos disímiles, algunos focos comunes de discusión. Si ha leído La Singularidad de Lo Vivo o La Inteligencia Artificial No Piensa (el cerebro tampoco), el lector puede identificar que el diagnóstico del mundo contemporáneo que sigue a continuación es del todo coherente con la obra de Benasayag:

 

Si la colonización pre-Moderna y Moderna hace referencia a la existencia de dos polos identificables, como opresor y oprimido, con la colonización digital no ocurre lo mismo. El mundo algorítmico realiza una dislocación de las entidades materiales. Todas las formas complejas y orgánicas se ven reducidas a componentes simples y elementales, capturados en construcciones que son, ellas mismas, de una complejidad virtualmente infinita. Esta discretización de lo real se asienta en el dogma de que todo es información cuantificable y mate-máticamente calculable, o dicho de otro modo, que todo es algorítmico y ‘algoritmizable’

 

La contraofensiva así pensada comenzaría por pensar el propio yo, la singularidad de la conciencia, de nuestro ser-vivo, para comprender que la conducta de uno mismo no es computable, que no puede medirse y que en la comprensión de este hecho encuentra liberada su potencia de obrar. Es un libro entonces sobre la importancia que puede tener, en este mundo nuevo, donde todo lo que hacemos participa de una magnitud general, computable, al punto de poder ser anticipado y acaso moldeado, justamente leer un libro, comprenderse a sí mismo de nuevo y recuperar el continuo de la conciencia, en oposición a una modernidad que tiende a fragmentar nuestra atención en períodos cada vez más breves.

 

 

 

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